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Bill Ivy: el pequeño príncipe extravagante de los Grandes Premios
Índice
- El «Átomo Poderoso» de Maidstone
- 1967: campeón del mundo de 125cc con Yamaha
- Una estrella del pop sobre dos ruedas
- Phil Read y la traición de 1968
- La apuesta de las cuatro ruedas: la Fórmula 2
- Sachsenring 1969: el fin de un brillante
- Tabla resumen
- Preguntas frecuentes
El «Átomo Poderoso» de Maidstone
William David «Bill» Ivy nace el 27 de agosto de 1942 en Maidstone, en el condado inglés de Kent. Era muy pequeño —alrededor de 1,57 m de estatura y unos cincuenta kilos—, una constitución que le valdría el apodo de «Mighty Atom», el pequeño átomo lleno de energía. En las motos de 125 y 250cc de los años 60, esta ligereza era una ventaja formidable: menos peso que arrastrar, más velocidad punta para esos motores de dos tiempos que rugían a más de 15.000 rpm.
Pero reducir a Ivy a su tamaño sería un error. Este chico de taller, mecánico de formación, poseía un talento puro y una osadía que lo hicieron destacar desde sus inicios al manillar. Ascendió en las filas del deporte británico, se hizo notar y luego consiguió el grial: un manillar de fábrica Yamaha. Se unió a un equipo japonés en plena ofensiva europea, junto a un tal Phil Read. La firma de Iwata quería destronar a las MV Agusta de Giacomo Agostini en las cilindradas pequeñas: Ivy se convertiría en una de sus armas más eficaces, en una década en la que la historia de Yamaha se encaminaba hacia la gloria mundial.
1967: campeón del mundo de 125cc con Yamaha
La temporada 1967 fue la de la consagración. Al manillar de la fabulosa Yamaha RA31, una 125 de cuatro cilindros y dos tiempos con una ingeniería loca, Bill Ivy aplastó la categoría. Ganó ocho victorias en los doce Grandes Premios de la temporada y se llevó el título de campeón del mundo de 125cc, con 16 puntos de ventaja sobre su compañero de equipo y rival Phil Read. Además, consiguió dos victorias en 250cc, en Francia y Bélgica, demostrando su versatilidad.
Esta coronación no fue un golpe de suerte: fue la culminación de una pilotaje milimétrico en máquinas que exigían la precisión de un cirujano. Los multicilíndricos de dos tiempos japoneses de aquella época disponían de cajas de ocho, diez o incluso más relaciones, con rangos de uso minúsculos. Se necesitaba un metrónomo en la cabeza y una mano de terciopelo; Ivy tenía ambas cosas. Su estilo espectacular y su capacidad para llevar esos motores sobrevitaminados hasta sus últimas vueltas lo sitúan entre los grandes estilistas de la gran epopeya del campeonato del mundo, una era que un Jarno Saarinen pronto revolucionaría a su vez.
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Una estrella del pop sobre dos ruedas
Si Bill Ivy permanece en la memoria es también porque fue uno de los primeros pilotos «estrellas del pop». En un paddock aún encorsetado, él desentona: cabello largo y rizado cayendo sobre los hombros, gafas de sol, atuendos desenfadados pero estudiados, un sentido innato del espectáculo. Se le describe como uno de los primeros en aportar el showmanship a los Grandes Premios, un playboy que vive a cien por hora tanto en la pista como fuera de ella.
El escenario va con el personaje: conduce un Maserati Ghibli rojo metalizado, frecuenta clubes, gasta sin medida y cultiva una imagen de estrella que presagia los iconos del rock del motociclismo. No es casualidad que su estilo de vida haya inspirado directamente a la siguiente generación, empezando por Barry Sheene, otro rebelde carismático que convertiría la moto en un verdadero fenómeno mediático. Antes de Sheene, antes de los pilotos estrella de las décadas siguientes, estuvo este pequeño inglés extravagante que comprendió que un campeón era también un personaje.
Phil Read y la traición de 1968
La temporada 1968 sigue siendo uno de los episodios más amargos de la historia de los Grandes Premios. Yamaha dominó abrumadoramente las categorías de 125 y 250cc con sus dos pilotos de fábrica, Ivy y Phil Read. Para evitar que los dos hombres se neutralizaran, la fábrica emitió órdenes de equipo claras: Read debía aspirar al título de 125cc, e Ivy a la corona de 250cc. Un acuerdo de caballeros selló todo entre los dos compañeros de equipo.
Read se hizo con el 125cc. Pero, al comprender que Yamaha podría retirarse y queriendo asegurar su futuro, rompió el pacto y se lanzó a la conquista del 250cc, contra su propio compañero de equipo. El desenlace fue irreal: Ivy y Read terminaron la temporada empatados a puntos y victorias. La FIM decidió entonces por tiempo acumulado en las carreras donde ambos hombres cruzaron la meta, y otorgó el título a Read por una diferencia de unas dos minutos en toda la temporada. A pesar de sus reclamaciones, Ivy fue despojado del título.
El piloto, que «pensaba que la palabra de un caballero valía un contrato», salió profundamente herido. La ruptura fue total, y la maniobra le costaría cara al propio Read: Yamaha se desharía de él y no recuperaría su puesto en el equipo de fábrica. Para comprender la otra vertiente de esta rivalidad, se puede releer la trayectoria del «Príncipe de la Velocidad» con sus siete coronas mundiales: un competidor temible, pero cuya victoria de 1968 dejaría un sabor a ceniza.
La apuesta de las cuatro ruedas: la Fórmula 2
Desilusionado, Ivy anuncia su retirada de las motos y se dedica al automovilismo. Atención a una confusión frecuente: no se trata de la Fórmula 1, sino de la Fórmula 2, la antesala de la élite donde corrían entonces los más grandes. En 1969, adquiere un Brabham BT23C con motor Cosworth FVA, un antiguo monoplaza del equipo Winkelmann Racing, ahora alineado para él por la Paul Watson Race Organisation.
Y el pequeño inglés sorprende a todos. En su debut en Thruxton, en abril de 1969, marcó uno de los mejores tiempos en los entrenamientos, muy cerca de Jochen Rindt, antes de que una rotura de motor le privara del resultado. Lideró por un tiempo en Hockenheim, luchó en los primeros puestos e impresionó incluso a Jackie Stewart. Este paso de la moto al coche no es baladí: otros lo lograron al más alto nivel, como John Surtees, el único hombre que ha sido campeón del mundo tanto en dos como en cuatro ruedas. Ivy, se decía, tenía talento para llegar lejos.
Sachsenring 1969: el fin de un brillante
La falta de dinero lo alcanza. Para financiar su reconversión automovilística, Ivy acepta la oferta del fabricante checoslovaco Jawa y vuelve a subirse a una 350cc de cuatro cilindros y dos tiempos en 1969. El 12 de julio de 1969, durante los entrenamientos del Gran Premio de Alemania del Este, en el temible circuito de Sachsenring, se produce la tragedia.
El motor de la Jawa se gripa bruscamente —el cojinete de la biela delantera izquierda acaba de ceder— en el momento preciso en que Ivy, con el casco mal ajustado, intentaba recolocárselo con una sola mano. Expulsado, golpea un poste de valla desprotegido y sucumbe a sus heridas. Tenía 26 años. En aquella época, los circuitos aún ofrecían una seguridad irrisoria; el Sachsenring, como tantos trazados de los años 60-70, no perdonaba nada, en una década que vio desaparecer a demasiados campeones.
Bill Ivy deja la imagen de un meteoro: un campeón del mundo con una clase increíble, un pionero del estilo, un hombre que pilotaba la vida como pilotaba sus dos tiempos —rápido, fuerte y sin faltar nunca a su palabra. Su nombre permanece inseparable del de Phil Read y de la edad de oro de las cilindradas pequeñas, junto a otros virtuosos como Ángel Nieto.
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Tabla resumen
| Elemento | Detalle verificado |
|---|---|
| Nombre completo | William David «Bill» Ivy |
| Nacimiento | 27 de agosto de 1942, Maidstone (Kent, Inglaterra) |
| Fallecimiento | 12 de julio de 1969, Sachsenring (Alemania del Este), a los 26 años |
| Apodo | «Mighty Atom» (el pequeño átomo) |
| Complexión | ≈ 1,57 m, ≈ 50 kg |
| Título principal | Campeón del mundo 125cc 1967 (Yamaha) |
| Temporada 1967 | 8 victorias en 12 GP, +16 puntos sobre Phil Read |
| Máquina destacada | Yamaha RA31 (125cc, 4 cilindros 2 tiempos) |
| Rivalidad | Phil Read, compañero de equipo en Yamaha |
| Episodio 1968 | 250cc perdido por tiempo acumulado tras la ruptura de las órdenes de equipo por Read |
| Reconversión automovilística | Fórmula 2 (Brabham BT23C-Cosworth FVA), 1969 |
| Máquina fatal | Jawa 350cc 4 cilindros 2 tiempos |
Preguntas frecuentes
¿Bill Ivy fue realmente campeón del mundo?
Sí. Ganó el título de campeón del mundo de 125cc en 1967 con Yamaha, con 8 victorias en 12 Grandes Premios y 16 puntos de ventaja sobre Phil Read.
¿Qué pasó entre Bill Ivy y Phil Read en 1968?
Yamaha había establecido órdenes de equipo: Read para el 125cc, Ivy para el 250cc. Read ganó el 125cc y luego rompió el acuerdo para disputar también el 250cc. Ambos terminaron empatados a puntos y victorias, y la FIM otorgó el título a Read por tiempo acumulado.
¿Cómo murió Bill Ivy?
El 12 de julio de 1969, durante los entrenamientos del Gran Premio de Alemania del Este en Sachsenring, el motor de su Jawa 350cc se gripó. Expulsado, golpeó un poste de valla desprotegido y sucumbió a sus heridas, a los 26 años.
¿Bill Ivy corrió en Fórmula 1?
No. Después de su retirada de las motos, se reconvirtió a la Fórmula 2 en 1969, al volante de un Brabham BT23C con motor Cosworth FVA, donde demostró ser muy rápido desde su debut en Thruxton.
¿Por qué se le apoda una «estrella del pop» del motociclismo?
Por su estilo —pelo largo, gafas de sol, moda y Maserati rojo— y su gusto por el espectáculo, Ivy fue uno de los primeros pilotos estrella, un modelo que luego inspiró a Barry Sheene.

